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Editorial | La verdad no tiene fama

Las denuncias de abuso sexual y trata de personas que hoy cercan a Julio Iglesias han sacudido no solo al mundo del espectáculo, sino también a sectores del jet-set que durante años normalizaron la cercanía con el poder, el dinero y la celebridad. Tras una investigación de tres años de eldiario.es y Univisión, emergen testimonios graves —entre ellos el de una joven dominicana— que obligan a una reflexión seria, ajena al fanatismo y a la descalificación automática de las víctimas.

El artista ha negado los hechos y tiene pleno derecho a defenderse. Pero ese derecho no cancela la necesidad de investigar con rigor. Minimizar las denuncias bajo el argumento de que las víctimas “buscan dinero” o reducirlas a una conspiración política reproduce una cultura de incredulidad que históricamente ha protegido a los poderosos y silenciado a quienes denuncian. Nadie, por célebre o influyente que sea, está por encima de la ley.

Preocupa especialmente que las acusaciones describan un patrón prolongado de abusos, explotación laboral y presunta trata, con escenarios en territorios donde el Estado dominicano tiene jurisdicción o intereses directos. Si existen víctimas dominicanas y hechos denunciados en el país, corresponde actuar con diligencia: cooperar con la justicia española y, de ser pertinente, abrir investigaciones locales que esclarezcan responsabilidades, siempre respetando el debido proceso y la presunción de inocencia.

La fama no puede ser un escudo. Este caso interpela a las instituciones y a la sociedad: o se protege la verdad con independencia y coraje, o se perpetúa la impunidad bajo el aplauso. La justicia no debe temerle a los nombres grandes; debe honrar a las víctimas y sostenerse en los hechos. Solo así se dignifica la ley.

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