
Ramón Altagracia cambia de rumbo y deja a Carlos Pérez para respaldar a Dulce Rojas en SDN
El movimiento sacude el tablero interno de la Fuerza del Pueblo y pone bajo presión las aspiraciones de Pérez, ahora vinculado al sector de Rubén Maldonado.
Por Darwin Feliz Matos
Santo Domingo Norte.- El tablero político de la Fuerza del Pueblo (FP) en Santo Domingo Norte comienza a experimentar movimientos que podrían alterar significativamente la carrera por la Alcaldía de este municipio. El veterano regidor Ramón Altagracia Beras decidió retirar su respaldo al diputado y aspirante a alcalde Carlos Pérez para anunciar su apoyo a la también diputada Dulce Rojas, en una decisión que introduce una nueva dosis de tensión a la competencia interna.
Altagracia había sido, desde su elección como regidor, uno de los dirigentes que trabajaba activamente en el fortalecimiento del proyecto político de Pérez, con miras a convertirlo en el candidato de la FP para dirigir el Ayuntamiento de Santo Domingo Norte. Su salida, por tanto, no constituye un movimiento menor: representa la pérdida de un dirigente con presencia territorial y conocimiento de la dinámica política municipal.
La decisión adquiere mayor relevancia en momentos en que Pérez procura consolidar su proyecto dentro de una organización en la que las alianzas internas pueden ser tan determinantes como el posicionamiento electoral externo.
Un respaldo que podría terminar siendo un abrazo político
Durante los últimos meses, en los círculos políticos de Santo Domingo Norte se ha comentado la necesidad de que Carlos Pérez fortalezca su estructura interna y procure mayores niveles de articulación dentro de la FP. En ese contexto, su acercamiento al sector que encabeza el exdiputado Rubén Maldonado ha generado interpretaciones encontradas.
Y aquí aparece una de esas ironías que tanto abundan en la política: a veces, buscando un árbol que dé sombra, se termina escogiendo uno cuyas ramas pueden impedir que llegue la luz.
La metáfora no es gratuita. Las llamadas hiedras estranguladoras crecen alrededor de los árboles, compiten por la luz y, si su crecimiento no es controlado, pueden terminar debilitando al propio huésped. En política, naturalmente, las plantas no tienen la culpa; los resultados dependen de los equipos, las alianzas y, sobre todo, de la capacidad de sumar voluntades.
En el caso de Maldonado, su influencia dentro de la FP es conocida, pero también lo son las controversias que han acompañado algunas de sus posiciones y disputas internas. Su abierta oposición a una eventual candidatura presidencial de Omar Fernández, senador del Distrito Nacional, lo ha convertido en uno de los dirigentes de la organización que más claramente ha marcado distancia frente a ese proyecto.
El antecedente de Juan Francisco Peguero
Dentro de las discusiones sobre el llamado sector de Maldonado también aparece el caso del exregidor Juan Francisco Peguero Ramírez, dirigente que llegó a ser considerado por distintos sectores como un activo político con condiciones para proyectarse hacia una candidatura a diputado.
Sin embargo, desde la perspectiva de algunos observadores de la política local, su desarrollo político no habría recibido el espacio suficiente dentro de su propio entorno. La lectura que queda para quienes analizan aquel episodio es sencilla: en política, no basta con tener talento; también hay que estar rodeado de quienes permitan que ese talento crezca.
El antecedente vuelve a colocarse sobre la mesa ahora que Carlos Pérez intenta avanzar hacia la candidatura municipal.
De ascenso a desafío
Hasta antes de estos movimientos, Pérez venía desarrollando una aspiración que, aunque todavía prematura, comenzaba a ganar visibilidad. Su principal debilidad parecía estar precisamente en la construcción de una estructura política suficientemente sólida dentro de la FP.
El respaldo de sectores internos podía contribuir a corregir esa debilidad. Sin embargo, la política tiene una curiosa manera de convertir determinadas alianzas en fortalezas para unos y en cargas para otros.
La salida de Ramón Altagracia constituye la primera señal visible de que el proyecto de Pérez no marcha sobre terreno completamente despejado. Y, aunque sería apresurado hablar de un desplome definitivo, resulta evidente que la pérdida de un dirigente que anteriormente trabajaba por su candidatura representa un retroceso político que deberá ser compensado.
Mientras tanto, Dulce Rojas recibe el beneficio inmediato de la jugada. Su proyecto obtiene un respaldo que, más allá del número de votos que pueda representar, tiene un valor simbólico: demuestra que dentro de la FP existen dirigentes que están dispuestos a cambiar de bando cuando entienden que otro proyecto ofrece mejores perspectivas.
La política, como suele ocurrir, no se detiene a esperar explicaciones. Mientras unos anuncian alianzas, otros anuncian respaldos y algunos descubren que el supuesto equipo compacto tenía más puertas de salida de las que imaginaban.
La carrera por la Alcaldía de Santo Domingo Norte apenas comienza, pero el movimiento de Ramón Altagracia deja una pregunta sobre la mesa: ¿fue simplemente un cambio de respaldo o el primer síntoma de una reconfiguración mayor dentro del proyecto de Carlos Pérez?
La respuesta dependerá de lo que ocurra en las próximas semanas. Porque en política, cuando un dirigente abandona una candidatura, rara vez se lleva únicamente su nombre: también puede llevarse consigo una parte de la estructura que ayudó a construirla.



