Opiniones

¿Quién cuida a los que cuidan?

Por Manauri Jorge

La pandemia entró sin previo aviso y el mundo se detuvo. Un nuevo virus llegó para desencajarnos –o encajarnos- y ninguno de los héroes de las pantallas aparecieron para ayudarnos, los grandes influencers, políticos y artistas tampoco pudieron hacer mucho, ni siquiera las grandes marcas pudieron frenar el desastre. Sin embargo, un grupo de hombres y mujeres asumió el frente de batalla y todavía siguen en pie de lucha, dando sus vidas por ti, por mí, por nosotros.

El personal de salud y seguridad que día a día sale a la calle a enfrentar el coronavirus es quien está dando sangre, sudor y lágrimas por todos. Ese personal lleva la capa puesta, pero también son humanos expuestos al peligro, al virus, al dolor. ¿Quién los protege a ellos? Pareciera que los médicos son de acero porque nunca pensamos que ellos y ellas puede enfermarse, sin embargo, solo en República Dominicana el número pasa de 100 contagiados que han presentado síntomas, datos oficiales del Ministerio de Salud Pública.

En Ecuador la cifra supera los 1,500 médicos contaminados, en México ronda los 329 y Brasil tiene más de 2,000 solo en Sao Paulo. En Argentina rondan los 500 profesionales de salud contagiados, entre ellos especialistas, médicos, enfermeras, camilleros y demás. Pero esos son los que están activos, hay otra parte que está en casa por mayoría de edad o morbilidad, y alguno de esos también han dado positivos por situaciones adversas.

Este panorama plantea que el personal de salud no tiene súper poderes, son humanos como tú y como yo que, por la naturaleza de su oficio, están más expuestos a los tentáculos del virus. Incluso, en varios países se han quejado de que las herramientas de bioseguridad no han sido suficientes porque no protegen tanto como debieran, hablan de guantes de mala calidad, mascarillas sin la debida protección, trajes que se rompen al ponerse y utensilios desfasados.

Pese a todo eso, hay otra variable que me genera más preocupación que las mencionadas. Se trata de la parte psicológica, de la presión que esta gente está sufriendo. En la mayoría de países se les aplaude su labor y se les rinde merecido reconocimiento, sin embargo, en Egipto, India, Filipinas y México pasa lo contrario, se reportan agresiones en contra de los médicos y enfermeras por considerarlos portadores del virus maligno.

En la India, por ejemplo, una turba apedreó a un grupo de galenos que socorrieron a un contagiado. Peor pasó en Afganistán donde 15 personas agredieron a doctores, en este caso por creer que el coronavirus fue creado y expandido por el personal de salud norteamericano. En África la Cruz Roja recibe amenazas de muertes todos los días y en Filipinas se registran más de 100 ataques contra los profesionales de la salud, todos en dos meses.

Imagine este panorama… Como profesional de la salud ofreces tu vida para ayudar a los infectados y cuando sales del hospital después de 10, 12 y hasta 14 horas de trabajo, en la calle un grupo de agrede porque creen que eres multiplicador del virus. No estás seguro en tu trabajo ni fuera de él y, para colmo, no hay agentes suficientes ni vehículos privados para asegurarse la vida. Tienes que zafarte de la pandemia nueva y de la vieja, aquella llamada ignorancia.

Pero tampoco es solo eso. ¿Conocen el síndrome Burnout? Sucede cuando un profesional de servicio se ve muy expuesto a los problemas de sus receptores y la carga laboral lo abruma a un punto tal que le desencadena depresión, estrés, insomnio, dolores corporales, incapacidad de concentración, actitudes violentas y sentimientos de frustración. ¿Cuánto personal de salud y seguridad está padeciendo este problema? El número es mayor que el de los infectados.

Recibir un número desbordado de pacientes, verlos empeorar sin poder hacer nada porque los medicamentos no hacen efecto o no hay; tener que acostarlos en el piso por falta de cama, verlos clamar que no los dejen morir y minutos después firmar el acta de defunción es un trauma que desencaja a cualquiera, desequilibra al más metódico de los doctores y va quebrando, poco a poco, el alma. La impotencia de no poder evadir la muerte deja secuelas, y muchas.

Los reportes de psicología dan cuenta de que se han disparados las consultas del personal de salud por el síndrome de Burnout, a lo que se le suma trastorno en el estado de ánimo, crisis de ansiedad, trastorno de sueño, trastorno psicótico y psicopatologías frecuentes como ansiedad.

Entonces, los médicos tienen que enfrentarse a un virus que no conocen sin los equipos necesarios para evitar contagiarse, no tienen garantía de seguridad en las calles, carecen de transporte ida y vuelta a los hospitales, no cuentan con salarios que aseguren el bienestar de sus familias, la dieta que les dan es pírrica y, para colmo, se ven expuestos a trastornos por el gran número de pacientes sin una cura directa. Demasiado hacen ellos, demasiado.

Por eso es que les llamados héroes, porque sabemos que están en el frente de batalla a manos peladas, atento a vocación y servicio. Con justa medida les aplaudimos, merecen mucho más que eso. Los presupuestos hay que modificarlos, se requiere mayor inversión en la salud y la ciencia, sobre todo mayor respeto por quienes arriesgan sus vidas por los demás y eso están los militares, policías, voluntarios, bomberos, personal sanitario y altruista. Si la salud es vida, no hay vida sin presupuesto. Hay que dignificar a nuestros héroes, y ya sabemos cómo.

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