
El “maldito lío” de Alofoke
Por Jorge Lendeborg
Hace más de un año, durante una intervención en la plataforma de Colombia Alcántara, advertí que era evidente que Santiago Matías, mejor conocido como Alofoke, iba a convertirse en un “maldito lío” en las próximas elecciones. Las críticas me llovieron.
Hoy, más de un año después, y tras el revuelo provocado por la noticia de que el presidente del Partido Reformista Social Cristiano le habría ofrecido la candidatura presidencial del partido colorao, han comenzado a aparecer mediciones y estudios de sentimiento que colocan al autodenominado “Sultán de Brunéi” con altos niveles de simpatía y buenos números de aceptación.
A estas alturas, la discusión ya no es si yo tenía razón o no cuando dije que Alofoke sería un “maldito lío”. La pregunta es otra: ¿De qué tamaño será ese lío?
Lo digo de manera clara: Alofoke no tiene ninguna posibilidad de competir seriamente por la Presidencia de la República Dominicana. Pero eso no significa que sea electoralmente irrelevante, todo lo contrario. Aquí está la diferencia que muchos no están entendiendo: Alofoke candidato y Alofoke influencer son dos fenómenos políticos completamente distintos. Una candidatura presidencial de Santiago Matías podría convertirse en uno de los mayores fiascos de nuestra historia electoral reciente. Referenciageográfica
Alofoke, el influencer; Alofoke, el maestro del contenido chatarra; Alofoke, el rey del contenido basura, posee una plataforma, una audiencia y una capacidad de penetración suficientes para ayudar a uno de los candidatos de los grandes partidos a ganar las próximas elecciones, pero Alofoke candidato, ya sea por el Partido Reformista o por cualquier proyecto independiente, es otra cosa. Y para entenderlo hay que mirar los números.
Imaginemos por un momento que el electorado dominicano es un gran pastel dividido en 100 pedazos. De esos 100 pedazos, aproximadamente un 56% pertenece al espacio político tradicional: ciudadanos con identificación partidaria, simpatizantes recurrentes y electores vinculados, con diferentes grados de intensidad, a los grandes partidos y sus coaliciones. Luego está el bloque: abstenciónista, que conservadoramente esta en un 37%. 93% del pastel electoral, en teoría, queda un 7%, y es precisamente aquí donde comienzan las fantasías.
Porque algunos parecen asumir que ese enorme voto abstencionista representa una reserva electoral esperando la aparición de Santiago Matías. Pensemos seriamente en eso.
Durante décadas, una parte importante del electorado dominicano decidió no votar mientras en las boletas aparecían Joaquín Balaguer, Juan Bosch y José Francisco Peña Gómez, posiblemente las tres figuras políticas más trascendentes de la democracia dominicana moderna. Ese abstencionista tampoco fue movilizado completamente por Leonel Fernández, Hipólito Mejía, Danilo Medina ni Luis Abinader, dirigentes que llegaron al poder, construyeron grandes coaliciones y tuvieron a su disposición las estructuras políticas más importantes del país.
¿La tesis es, entonces, que ese ciudadano que no salió a votar por Balaguer, Bosch, Peña Gómez, Leonel, Hipólito, Danilo o Abinader estaba esperando a Alofoke para finalmente salir de su casa Sencillamente, no. Eso no es análisis electoral. Es una fantasía.
Por supuesto que Alofoke puede movilizar nuevos votantes. Puede llevar jóvenes a las urnas, activar sectores desencantados y motivar a ciudadanos que no participaron en uno o varios procesos anteriores, pero una cosa es producir una movilización adicional y otra completamente distinta convertir el abstencionismo estructural dominicano en una nueva mayoría política.El abstencionista orgánico no es una reserva automática de votos para los outsiders. Los candidatos antisistema que han llegado al poder en otros países no lo hicieron solamente despertando abstencionistas. Ganaron penetrando el electorado activo, rompiendo antiguas lealtades y quitándoles votos reales a los partidos tradicionales. Ese sería también el desafío de Alofoke, y ahí es donde los números comienzan a complicarse.
EL 7% QUE NO LE PERTENECE A NADIE
Si aceptamos el modelo del pastel electoral, queda un 7% teórico fuera de los grandes bloques, pero ese 7% no pertenece a Alofoke, es el techo bruto de un espacio compartido por independientes, jóvenes de primera participación, electores blandos, ciudadanos temporalmente desencantados de los grandes partidos y otras opciones minoritarias, y todavía existe otro problema: dentro de ese universo aparece una importante cantidad de electores del exterior. Sobre el papel, el voto exterior parece una mina de oro electoral, en la práctica, históricamente ha sido un espejismo.
Una cosa es tener cientos de miles de ciudadanos elegibles para votar y otra muy diferente convertirlos en votos depositados en las urnas, la participación electoral de los dominicanos en el exterior ha sido históricamente baja. Y pensar que se trata simplemente de personas esperando la aparición de un candidato atractivo es una simplificación. Hay factores logísticos, distancia de los centros de votación, desconexión progresiva con la política cotidiana del país y procesos de transculturación, desculturación y aculturación propios de la experiencia migratoria. Por eso no se puede sumar el padrón exterior como si fuera una masa electoral disponible.
Una cosa son los electores potenciales, Otra son los votos reales.
Cuando se corrige ese factor, aquel 7% teórico comienza a reducirse rápidamente. Y cuando, además, se entiende que Alofoke tendría que compartir ese espacio con otras opciones políticas, independientes y minoritarias, el techo vuelve a comprimirse. Por eso sostengo una conclusión que probablemente muchos considerarán provocadora: No hay una ruta electoral razonable para proyectar que Alofoke alcance el 4% de los votos en una elección presidencial. Aunque algunas encuestas o estudios de sentimiento puedan sugerir lo contrario. Una cosa es preguntar en redes sociales. Otra cosa es una elección presidencial.
Una cosa es medir simpatía. Otra cosa es conseguir votos. Una cosa es tener seguidores. Otra muy diferente es tener electores. Alofoke puede ser mucho más poderoso apoyando a un candidato que convirtiéndose él mismo en candidato.
Mientras una parte de las élites dominicanas se burlaba de su contenido, Santiago Matías construía distribución. Mientras lo criticaban, construía audiencia. Mientras los partidos contrataban expertos para explicarles cómo conectar con los jóvenes, él llevaba años hablando con ellos todos los días. Sería un error negar ese poder, pero sería un error todavía mayor confundirlo con capacidad para ganar la Presidencia. Alofoke candidato difícilmente alcanza el 4%. Alofoke influencer puede ayudar a decidir quién alcanza el 50% más uno.
Esa es la contradicción. Ese es el fenómeno, y ese es el verdadero maldito lío que Santiago Matías representa para la política dominicana. Hace más de un año advertí que Alofoke sería un “maldito lío” en las próximas elecciones. Hoy la pregunta ya no es si lo será. La pregunta es de qué tamaño será ese lío, contra quién será utilizado y quién tendrá la inteligencia política suficiente para convertir su influencia en votos reales.


