
Celos, encierro y tragedia: madre envenena a sus tres hijos y se quita la vida en Ensanche Isabelita
Lo que parecía un domingo común en Los Farallones terminó convertido en pesadilla: una madre envenenó a sus hijos y se quitó la vida, dejando tras de sí una carta y un silencio que estremece a toda la comunidad.
Por Darwin Feliz Matos
Santo Domingo Este. – La casa estaba cerrada como cualquier otro día, pero esta vez el silencio pesaba más que el aire. Dentro, una escena de horror: tres niños envenenados y su madre muerta a su lado. La tragedia que estremeció a Los Farallones, en el Ensanche Isabelita, se consumó la noche del domingo, cuando Pennsylvania Mercedes Jiménez Valdez, de 36 años, decidió acabar con la vida de sus hijos —de 11, 9 y 7 años— y luego con la suya.
Vecinos describen a la mujer como “celosa y peleona”, alguien que peleaba con todos y que vigilaba obsesivamente a su pareja, Omar José Cabrera, conocido como “Aramis”, vendedor de empanadas del sector. “Con ella no se podía hablar, si era hombre lo acusaba de mujeriego, y si era hermana lo celaba igual”, relató José Omar Cabrera, hermano mellizo del padre de los niños, convencido de que la relación era una bomba de tiempo.
Una relación bajo tensión constante
El sábado, un día antes de la tragedia, Pennsylvania fue al lugar de trabajo de su pareja con un cuchillo en la mano. Lo amenazó frente a todos. Era otro episodio en la cadena de conflictos que, según la familia, venían marcando la convivencia.
El domingo, tras una discusión, Omar no regresó a casa a la hora de la comida. Fue entrada la tarde, alrededor de las seis, cuando abrió la puerta y encontró el espanto: sus tres hijos acostados, inmóviles, y su mujer en el piso, muerta también. Sobre la mesa, envases con jugo mezclado con veneno.
La carta del adiós
La Policía confirmó este lunes el hallazgo de un manuscrito atribuido a la madre. En él pedía perdón y aseguraba que se llevó a sus hijos “para que no sufrieran”. El documento, bajo custodia de la Policía Científica, está siendo analizado para confirmar su autenticidad.
“El hecho es muy delicado, pedimos respeto y prudencia”, declaró el vocero policial, coronel Diego Pesqueira, en rueda de prensa.
Una prisión llamada hogar
El vecindario habla de una mujer conflictiva, encerrada en su propio mundo. “Era buena madre, pero con problemas mentales. Siempre pensaba que le tenían envidia, que la perseguían”, contó Leslie Jiménez, vecina del frente.
Para la familia Cabrera, aquella casa era más una prisión que un hogar. “Yo no iba a visitar a mi hermano porque no quería que me armara un lío”, confesó José Omar, con impotencia.
Hoy, la familia Cabrera llora a tres niños inocentes y carga con el peso de una relación marcada por los celos, la violencia psicológica y el silencio.
Una sociedad consternada
El caso ha generado conmoción nacional. Tres niños arrebatados por la mano de su propia madre y un padre destrozado por la pérdida de lo único que le daba sentido a su esfuerzo diario.
Los cuerpos permanecen en el Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif) y serán trasladados a Angelina, Cotuí, tierra natal de Pennsylvania, donde recibirán sepultura.
La tragedia en Isabelita no es un hecho aislado. Horas antes, en Los Guandules, un hombre fue arrestado por asfixiar a su hijo de un año y ocho meses. Y el 17 de agosto, en ese mismo barrio, una pareja fue detenida por la muerte de una niña de siete años víctima de tortura y maltrato.
La suma de estos episodios dibuja un panorama alarmante: la niñez dominicana está en riesgo no solo en las calles, sino en sus propios hogares.


