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Actitud política anti-histórica de Trump, un mal ejemplo

Por Juan López
El respeto a la institucionalidad, al sistema democrático, a la buena gobernanza y el apego a la continuidad del Estado que, por más de doscientos años, nos presentan a los EE.UU. como ejemplo paradigmático para el mundo y, en particular, para los países tercermundistas, podría “caer en el zafacón de la historia”.

Lo anterior se visualiza a través de la actitud política anti-histórica que está exhibiendo el saliente presidente Donald Trump con respecto a los resultados de las elecciones que se efectuaron el pasado 3 de noviembre.

Aun cuando faltan trámites para oficializar los resultados de esos comicios, la percepción generalizada, las cifras publicadas y la firme actitud de autoridades electorales de varios estados evidencian que la pareja demócrata Joe Biden-Kamala Harris ganó las elecciones con más de 77 millones de votos populares (50.7 %) y 306 delegados electorales contra el 47.5 % y los 232 delegados obtenidos por la mutual reeleccionista Trump-Mike Pence.

Con la penosa imitación del negativo y clásico pataleo con amenazas hueras que caracterizan a los candidatos perdedores en elecciones que se realizan en repúblicas bananeras, el saliente presidente Trump está propinando daños al sistema democrático, a la institucionalidad y a la imagen que, históricamente, había proyectando los EE.UU en sus 45 anteriores elecciones presidenciales.

Todos los análisis e indicadores de este comportamiento político del saliente presidente Trump evidencian que la megalomanía, arrogancia, petulancia y el peculiar estilo que caracterizan su personalidad están primando en este peligroso y anti-histórico proceder político del saliente presidente Trump lo que, de persistir en ese accionar, podría tener graves consecuencias económicas, sociales y políticas para el pueblo norteamericano y el mundo.

Los medios de comunicación, redes sociales y autoridades electorales de los diferentes estados norteamericanos, la gran mayoría de jefes de Estados y de gobiernos del mundo están reconociendo, formalmente, la legitimidad del triunfo de los demócratas Biden-Harris.

Si a la grave crisis económica, sanitaria y social que ha generado la pandemia del coronavirus en EE.UU., que ostenta la mayor cantidad de personas contagiadas (más de 11 millones) y más de 246 mil fallecidas por el COVID-19 y que, como consecuencia del venidero invierno, podría incrementarse con la segunda oleada del repunte, se le adiciona la crisis política que podría producirse con la renuencia del saliente presidente Trump a facilitar la necesaria transición y cambio de gobierno, la situación de los EE.UU. sería muy lamentable y altamente peligrosa.

Esa situación exige actuación con mayor responsabilidad a los líderes del Partido Republicano con el propósito de asumir una firme actitud contra las “patadas de ahogado” y amenazas del saliente presidente Trump.

En ese contexto, la comunidad internacional alberga la esperanza de que, la sensatez política retornará en los EE.UU en el transcurso de esta semana para que se proceda a iniciar la transición pacífica y ordenada para el cambio de mando como, hasta la fecha, nos tiene acostumbrado la institucionalidad y gobernabilidad democrática que, desde su fundación, han caracterizado a los EE.UU.

Si los líderes republicanos y el saliente presidente Trump mantienen la errada decisión de negar los resultados de la voluntad popular expresada por el pueblo norteamericano, estarían ofreciendo un mal ejemplo al mundo y, en particular, a los países tercermundistas.

Ahora bien, las exigencias políticas de la época, la necesidad de reforzar las unificación social y política que demandan los corrosivos efectos de la pandemia y la necesidad de avanzar en la consolidación de la paz mundial, obligan al predominio de la prudencia política para que vuelva la normalidad al pueblo y gobierno norteamericanos, lo cual repercutirá en forma muy positiva en los países latinoamericanos. ¡Son nuestros fervientes deseos!

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