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La nobleza y lealtad de José Francisco Peña Gómez: cuando el poder no estuvo por encima de la palabra

Por Darwin Feliz Matos
Hay episodios de la historia política dominicana que permiten valorar la dimensión humana de sus protagonistas. Uno de ellos es la decisión de José Francisco Peña Gómez de mantener a Fernando Álvarez Bogaert como su compañero de boleta en las elecciones de 1996, aun cuando esa decisión podía significar el sacrificio de una posibilidad real de recibir el respaldo de Joaquín Balaguer.

En aquella coyuntura, Balaguer, decidido a impedir el avance de Jacinto Peynado, habría enviado un mensaje a Peña Gómez a través de Federico “Quique” Antún Batlle: debía sustituir a Álvarez Bogaert de la boleta presidencial y colocar a otra persona si quería contar con el apoyo del viejo caudillo reformista.

Peña Gómez, sin embargo, prefirió mantener a su compañero de boleta.

La decisión adquiere mayor dimensión cuando se toma en cuenta el conflicto existente entre Joaquín Balaguer y Fernando Álvarez Bogaert, marcado, según se ha relatado, por un asunto de carácter familiar. En ese contexto, Balaguer habría advertido a Bogaert: “Si tocas esa tecla, te hundes”.

Más allá de las interpretaciones electorales que puedan hacerse de aquel episodio, la permanencia de Álvarez Bogaert en la boleta puede ser vista como una expresión de nobleza, responsabilidad y lealtad política por parte de Peña Gómez.

Peña Gómez tuvo ante sí una disyuntiva: proteger una posible alianza electoral que podía favorecer sus aspiraciones presidenciales o permanecer fiel a quien había escogido como compañero de fórmula.

Y ahí reside la grandeza política del gesto: no cambió a un compañero para obtener una ventaja electoral. No subordinó una relación política y humana a la conveniencia del momento. Prefirió asumir el costo de su decisión antes que transmitir el mensaje de que, en política, los aliados pueden ser sacrificados cuando aparece una oportunidad de poder.

Ese episodio también permite establecer un contraste interesante con otras etapas de la política dominicana: mientras algunos dirigentes han entendido la política como el arte de preservar el poder a cualquier precio, Peña Gómez dejó, en determinados momentos, una concepción distinta: la política también puede ejercerse desde la lealtad, la dignidad y el respeto por la palabra empeñada.

En definitiva, la historia podrá debatir si aquella decisión fue electoralmente acertada o equivocada. Pero desde la perspectiva de los principios, existe una pregunta que permanece vigente:

¿Cuántos dirigentes estarían dispuestos hoy a renunciar a una ventaja electoral para no abandonar a un compañero?

Ese es, precisamente, uno de los episodios que permiten comprender la dimensión humana y política de José Francisco Peña Gómez: un hombre que, ante la tentación del poder, decidió no sacrificar la lealtad

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