
El Silencio de una Institución Muerta: La Tragedia de Radio Televisión Educativa
Por Gilbert Rojas
En los anales de la burocracia dominicana, existe una entidad que, bajo un velo de promesas incumplidas y errores acumulados, se levanta como el fantasma de un ideal perdido: Radio Televisión Educativa, hoy bautizada con el pomposo pero vacío nombre de Edu+.
Esta entidad, que nació bajo la sombra de la modernidad para ser la voz del conocimiento, ha caído en el abismo del olvido. Nadie la escucha, ni la ve, ni la menciona.
El 99% de los padres, maestros y estudiantes, aquellos para quienes fue concebida, desconocen que alguna vez existió. ¿Y qué es una institución que no se percibe, sino una ruina en pleno latido?
Los últimos cuatro años han sido testigos de una danza macabra de directores: tres al frente del timón y cinco reinicios estructurales que solo han revelado la incapacidad para formular un norte cierto. El país, tan necesitado de una revolución educativa, se enfrenta a un monstruo incapaz de transformarse, un organismo que sigue inhalando fondos públicos pero exhalando vacío.
¿Cómo explicar que, en la era de la información y el conocimiento, este canal, el único estatal consagrado a la educación, se mantenga en la oscuridad, como si fuera un relicario olvidado en la esquina de una biblioteca vacía?
Y, en medio de este caos, no han sido las manos más preparadas las que han sido convocadas a salvar la nave a la deriva, sin embargo, cabe aclarar que, en medio de la desolación, una figura se destaca: el exdirector Rafael Menoscal Reynoso. Su visión era clara, y su esfuerzo genuino. Bajo su dirección, se gestaron proyectos que realmente buscaban una transformación profunda y tangible para la educación. Pero como ocurre tantas veces en los laberintos del poder, la luz que él intentó proyectar fue rápidamente opacada. Una conspiración orquestada en las sombras lo destituyó de manera injusta, impidiendo que su legado fructificara en la institución. De igual manera, los profesionales de la comunicación, aquellos que con sus manos levantaron pilares de contenido y visibilidad, han sido apartados sin razón aparente. Los caprichos de un poder omnipresente han impuesto un régimen donde la lógica es suplantada por el interés mezquino, y donde los puestos clave son ocupados por los adeptos de un partido caído en desgracia, el PLD, cuyos tentáculos aún asfixian con su presencia las arcas públicas.
El despliegue de recursos en esta institución parece un ejercicio en la futilidad. La infraestructura es una parodia de lo que debería ser, incapaz de sostener las demandas del siglo XXI. El canal, que alguna vez soñó con ser una luz, no es más que una sombra desdibujada entre los otros medios estatales. Las inversiones que se han destinado a su resurrección han sido poco más que ríos de tinta sin propósito. Y las relaciones públicas, esa ciencia que podría devolverle una vida perdida, brillan por su ausencia.
Radio Televisión Educativa, ese nombre que debería resonar en las aulas y los hogares del país, se ha convertido en una tragedia nacional.
Lo más perturbador es la ignorancia supina de aquellos a quienes se les ha confiado la dirección de esta nave a la deriva. El actual director, una figura que bien podría haber salido de las páginas de una novela de García Márquez, parece no tener ni la más vaga idea de lo que significa gestionar un canal de televisión. No está solo en su ineptitud: le acompañan su gerente administrativo y su encargado de producción, quienes comparten con él la ceguera de quienes no comprenden la magnitud del desastre que tienen entre manos. ¿Cómo puede un medio educativo sobrevivir bajo tal yugo de ineficacia?
Y mientras el Estado fusiona empresas, elimina direcciones y purga lo innecesario, uno se pregunta: ¿por qué no se incluye a Edu+ en esa lista de cadáveres a enterrar? ¿Acaso no sería más justo, más lógico, que el presidente Luis Abinader, junto al ministro de Educación, cerraran esta dirección, a menos que una reestructuración drástica la salve del naufragio? Un cambio de timón que expulse a estos marineros ciegos y convoque a aquellos que comprendan los vientos del cambio sería la única forma de evitar su desaparición definitiva.
Radio Televisión Educativa, ese nombre que debería resonar en las aulas y los hogares del país, se ha convertido en una tragedia nacional. Un monumento a la ineficiencia y a la política que ha olvidado su deber con la educación. Como un coloso caído, yace en la indiferencia, esperando que la historia decida su destino final.



