
Construyendo “su” tranquilidad
Por: Guido Gómez Mazara
Cuando Carlos Salinas salió de la presidencia de México lo esperaba la jefatura de la Organización Mundial del Comercio (OMC), pero sus cálculos políticos encontraron un país perturbado por el asesinato de Luis Donaldo Colosio y las consecuencias se expresaron de inmediato, eclipsando sus proyectos y llenando de persecución judicial su gestión. Álvaro Uribe trastornó la tradición electoral colombiana, haciéndose un traje a su medida que le permitió reelegirse y mantenerse como un actor esencial del proceso político.
Los presidentes Santos y Duque consiguieron el éxito gracias a su liderazgo. No obstante, anda enredado en investigaciones judiciales como escuchas ilegales durante su gestión y el fantasma de Odebrecht con los respectivos sobornos.
El continente es materia de análisis para colocar en contexto el fenómeno del impacto e importancia de la persecución de la corrupción administrativa y las figuras procesadas que, hace sólo una década, nadie asumía la posibilidad de terminar con condenas aterradoras. Tanto la conciencia de la ciudadanía expresada por vía de una sociedad civil con altísimos niveles de credibilidad y el énfasis de los Estados Unidos y la Unión Europea estimulando mecanismos de fiscalización tornan imposible desarrollarse desde la función pública con la tradicional idea de que, acceder a una posición gubernamental, representa una patente de corso para la acumulación indecente.
Los dominicanos no podemos vivir de espaldas a una realidad ética que cerca y socialmente condena los exponentes de prácticas corruptas en capacidad de salir ilesos bajo argucias y tecnicismos de cualquier proceso investigativo. Aunque la respuesta de la clase partidaria ha sido la estructuración de un blindaje, el peso específico de la mano justiciera perturba a políticos durante la etapa de salida del poder.
El día después resulta aterrador hasta para los que presumen tranquilidad cuando su compañero de partido le sustituye.
En Ecuador, nadie pensaba que Lenin Moreno encabezaría una administración capaz de auscultar excesos asociados a la gestión de Rafael Correa. Los panameños fueron testigos de un expresidente Valera acorralando judicialmente a la persona que acompañó en la boleta como su segundo hombre en la línea de sucesión.
El drama de la actual coyuntura política tiene un trasfondo que pocos apelan con la sinceridad requerida porque en el trajín del deseo de un cambio en la constitución subyace el qué podría acontecer con Danilo Medina el día después de su salida del palacio presidencial.
A los efectos, de no producirse una habilitación, técnicamente su influencia en el partido y la sociedad se desvanece con una velocidad espantosa porque la inviabilidad de un retorno desarticula sus fuerzas y la imposibilidad de un relevo dentro de su equipo, aterra y desprotege a colaboradores que no resisten 24 horas de escrutinio a su desempeño y/o abultamiento de su patrimonio. Por eso, el temor.
El afán de buscarle un bajadero a Medina Sánchez tiene como elemento esencial construirle “su” tranquilidad. Y no puede asumirse desde la perspectiva simplona de no perseguirlo judicialmente sino que sus delfines en el ámbito municipal y congresional sirvan de garantes frente a cualquier eventualidad futura en la que su condición de fuerza interna dominante se reduzca, devolviéndose al escenario de fragilidad que motivó la frase de “que lo venció el Estado”.
Lo dramático del proceso post electoral 2020 está políticamente asociado a la fuerza que resulte victoriosa. Una oposición triunfante tiene la obligación de articular procesos judiciales, sin importar pactos ocultos ni señales de pasividad y la promesa de un Procurador equilibrado.
Del otro lado, la preservación en el gobierno del oficialismo con otro rostro no podrá contener una sociedad civil depositando acciones y activando penalmente instancias en el Ministerio Público.
Danilo Medina es un político pragmático, sabe de la urgencia de estructurar su respiro personal y en las actuales circunstancias están dadas las condiciones para hacerlo. Su drama consiste en la desconfianza interna y los demonios que desatarían una oposición sedienta de justicia. Si alguien lo sabe es él.


