
El mundo después del Coronavirus
Por Rafael Nino Féliz
El Coronavirus es un poderoso enemigo invisible y silencioso que -aunque no lo veamos- está en todas partes. Es el arma más poderosa que ha conocido la humanidad. Grandes teóricos y libres pensadores le atribuyen su creación -como producto mutado en los laboratorios- a los Estados Unidos en su lucha para detener el crecimiento de la economía de China e impedir que esta nación se convierta, en los próximos años, en la primera potencia económica del mundo.
La presencia del virus a nivel planetario ya, de hecho, ha producido una gran desestabilización económica y social en cada uno de los países que compiten por la hegemonía y ninguna nación, por lejana que se encuentre, estará exenta del impacto negativo de este fenómeno.
Los efectos de esta pandemia han sido desastrosos para la vida humana en el mundo, especialmente para aquellos países víctimas de esta tragedia, cuyo origen nadie a ciencia cierta conoce; pero que ha causado daños inconmensurables en todos los continentes. Los más afectados han sido los adultos mayores, es decir, el mundo de los abuelos.
Parecería que el diseño de este mal fatal, que se desplaza a escala mundial, tuviera como uno de sus múltiples objetivos prohibir afectos y suprimir de golpe la sabiduría de los hombres y mujeres de la tercera edad o adultos mayores. Un segmento poblacional, familiar y social venerado y respetado, históricamente, dentro de la cultura china.
Independientemente de lo que se produzca entre las potencias económicas, los efectos del Coronavirus sobre la economía mundial traerán cambios profundos en los modelos económicos de los países. Ya, de hecho, estamos frente a una crisis de una dimensión nunca antes vista, pues lo que se ha producido es una verdadera desestabilización a nivel de todos los países, e incluso, en aquellos que son menos afectados por la pandemia, porque sus economías no constituyen universos cerrados.
Lo que nadie sabe hoy es la situación en que quedarán los trabajadores formales e informales, los estudiantes, los pequeños y medianos empresarios, y todo el mundo empresarial de nuestros países, cuando despertemos de esta pesadilla en la que nos ha envuelto la pandemia planetaria que nos arropa.
De esta realidad que nos afecta a todos, a ricos y a pobres; blancos y negros; creyentes y no creyentes, podemos sacar infinitas conclusiones: la riqueza más grande del mundo y el ejército más poderoso fueron obligados a ponerse de rodillas frente a este sorpresivo y sospechoso enemigo.
Una conclusión fundamental es la que nos dice que los pobres siguen siendo los más afectados en situaciones calamitosas. ¡Quiera Dios que los grandes dueños de las grandes fortunas puedan ser más piadosos, en su paso por la tierra, frente a los que sufren el desarraigo y el desamparo!



