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Slam/Slang: la deriva del habla

Por Guido Gómez Mazara

Quienes reciben educación bilingüe es- tructuran un mundo fuera de sus fronteras

En el hogar de la abuela materna, cocolos por los cuatro costados, escuchaba con frecuencia las libertades en el habla que su condición de extranjeros toleraba. Siempre churcha, nunca church.

Y todo el proceso de adecuación de los llegados de las islas, tipificados de inmigrantes anglófonos habilitó un nivel de convivencia que, ni el paso del tiempo logró borrar, porque en la retórica del pastor anglicano en cada misa o la dureza de la zafra, sirvió para enfatizar sus raíces. Inclusive, dominicanos sin destrezas en el idioma inglés contribuyeron en el proceso de aplatanamiento en el uso del español, de los venidos en medio del auge de la industria azucarera.

Años transcurridos y pronunciar el apellido del jugador de béisbol excepcional, disfrutar el baile de los guloyas se transformó en un amplísimo proceso de romper todas las reglas de la conversación coloquial como resultado de la enorme influencia del flujo de nuestros nacionales hacia los Estados Unidos y el enorme crecimiento de la diáspora.

Anglicismos por un tubo y siete llaves, y la llegada del familiar en vacaciones desde Washington Heights provocaba una asimilación de palabras, conductas y anhelos de “parecerse”.

Ahí se explica que, en cualquier sector popular de los grandes centros urbanos, los jóvenes juegan al basket con las camisetas de Lebron James, conocen de las trifulcas entre Tupac Shakur y Biggie Smalls y perfilan patrones de comportamiento, propios del ghetto.

Fundamentalmente, cuando la noción de lo global conecta valores de un lugar a otro en todo el globo terráqueo, pero en el caso de la actual realidad social dominicana, la intención de emular la sociedad estadounidense representa el rito inicial de una etapa de desvinculación de lo esencialmente “nuestro”.

Contrario ha sido el proceso de reafirmación de los afroamericanos. Marginados, excluidos históricamente desde el mismo proceso de Guerra de Secesión, pero un dilatado ejercicio de conquistas y luchas sirvió para validarse desafiando el orden establecido.

Edificaron su iglesia, estructuraron la música que los aproximaba y desarrollaron un lenguaje de los excluidos capaz de promover niveles de empatía y ganar las cuotas de poder que, hoy en día, tienen tanto valor electoral. Articularon el mito de la tierra prometida con tanta efectividad que, su memorial de mártires quedaría trunco si pretenden borrar sus ídolos.

Cuando nos deleitamos por el aprendizaje del inglés de nuestros hijos, estamos dándole una herramienta de sobrevivencia en el futuro inmediato. Ahora bien, podríamos ingresar al mundo del desfase, si desconocemos las herramientas de identidad del siglo 21.

Los que reciben educación bilingüe estructuran un mundo fuera de las fronteras nacionales, y allí, en cualquier esquina de la casa o llevándolos al colegio, tenemos que aprender a descodificar la crisis existencial hecha poema de Logic, el acento cuestionador de T.I. apoyando el movimiento Black Lives Matter, el hacha irreverente de G-Eazy usando su retórica contra el atropello policial en las calles, y reconocer el poder de los ritmos urbanos, excelentemente interpretados por NAS y Dave East.

Allá, los jóvenes y sus padres alternativos saben que hablar “Slang” expresa un punto de identidad con los grupos marginales, decididos a edificar su visión del mundo y la realidad social. Por aquí, aterrizamos el lenguaje y en la turbulencia marginal de los callejones, patios y barrios “inseguros”, la deriva en el buen decir es Slam.

Así, pura y simplemente, sinónimo de lanzar, tirar o estrellarse, debido a la inteligencia práctica de adecuarse a la jerga “caliente”.

En el terreno práctico, comprender el KLK, estar rotonda o buscarse un bobo no anda asociado a los clásicos prejuicios del consumo de estupefacientes sino al código de identidad comunicacional de franjas inobservadas por el poder. Ya el lazo de la música edificó sus reglas, hace rato que no bailan merengue como sus padres, los seduce y disfrutan el Lápiz Conciente (Tú no Ta’), Mozart (Golpe de Estado) y el chambonea de Omega

Quiero decirlo con rubor: la velocidad de los cambios nos modificó el esquema de vida. Y no entender la nueva realidad nos puede dejar atrás. Las redes globalizaron la información, Google nos puso todo a un clik, WhatsApp disminuyó el texto.

Finalmente, como el buen hablar está a la deriva, en qué idioma nos comunicamos con nuestros hijos. ¿Slang o Slam? ¡Estamos out!

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