
Carolina Mejía enfrenta primera prueba interna en el “carolismo” por la Secretaría General del PRM en SDE
La irrupción de una nueva aspiración rompe el consenso previo y obliga al equipo político a redefinir su estrategia de unidad
Santoo Domingo Este.– El proyecto político H20, hoy identificado como el “carolismo”, corriente que respalda las aspiraciones presidenciales de Carolina Mejía, atraviesa su primer episodio de tensión interna tras el surgimiento de una competencia inesperada por la Secretaría General de la organización oficialista, en el municipio más grande del país.
Durante más de un año, el dirigente Otoniel Reyes había desarrollado una campaña sostenida para ocupar esa posición estratégica, articulando apoyos tanto dentro del partido como en la estructura operativa del proyecto presidencial. De acuerdo con fuentes vinculadas al carolismo, su nombre contaba con un consenso preliminar entre altos cuadros de la corriente, que lo veían como la figura idónea para garantizar coordinación política, disciplina orgánica y cohesión territorial.
No obstante, ese equilibrio cambió durante una reciente reunión del equipo político convocada para definir las candidaturas que representarán a la fracción en las distintas secretarías. En ese encuentro, el diputado Yancarlos Simanca anunció públicamente sus aspiraciones a la misma Secretaría General, introduciendo un nuevo elemento de competencia que reconfigura el tablero interno.
La Secretaría General es considerada uno de los ejes operativos del partido, al concentrar la articulación de las bases, la logística electoral y la ejecución de la línea política. Por ello, más que una disputa de nombres, el debate refleja dos visiones sobre el método de conducción del proyecto: una apuesta por el consenso previamente acordado y otra por la apertura competitiva dentro de la corriente.
Dirigentes consultados señalan que el desafío para el carolismo será evitar que la contienda erosione la imagen de unidad que ha proyectado de cara al proceso presidencial. En un contexto donde las corrientes internas del PRM afinan sus estructuras con miras a los próximos ciclos electorales, cualquier fisura organizativa podría debilitar la narrativa de cohesión que ha sido uno de los principales activos del equipo de Mejía.
El episodio, más que una crisis, se perfila como una prueba política temprana: demostrar si el proyecto H20 puede administrar la pluralidad interna sin fracturas, consolidando liderazgo y disciplina partidaria. La forma en que se resuelva esta competencia será determinante para medir la capacidad del carolismo de convertir aspiraciones individuales en estrategia colectiva.


