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Melitón Cordero, el supervisor arrestado de la DEA por soborno y fraude, había sido condecorado por Abinader

De símbolo de cooperación antidrogas a imputado federal: el caso expone las grietas entre el reconocimiento oficial y las acusaciones de corrupción que hoy sacuden a la representación estadounidense en el país

Santo Domingo.– Hace apenas unos meses, su nombre figuraba en un decreto presidencial como ejemplo de mérito y cooperación internacional. Hoy aparece en un expediente judicial en Estados Unidos. La trayectoria pública de Melitón Cordero, hasta hace poco supervisor de la Administración para el Control de Drogas (DEA) en República Dominicana, dio un giro abrupto tras ser arrestado en Washington D. C. y acusado de conspiración para cometer soborno y fraude de visas, según informaciones del Departamento de Justicia de los Estados Unidos.

La imputación formal fue presentada ante el Tribunal de Distrito de los Estados Unidos para el Distrito de Columbia, donde las autoridades sostienen que el funcionario habría utilizado su posición para agilizar al menos 119 solicitudes de visa, entre ellas una presuntamente fraudulenta. El expediente también lo señala por facilitar documentos migratorios —incluidos pasaporte y visa— a un ciudadano extranjero a cambio de dinero, además de orientar a solicitantes para superar entrevistas consulares.

El contraste con su imagen reciente resulta inevitable. Mediante el decreto 520-24, emitido el 11 de septiembre de 2024, el presidente Luis Abinader le concedió la Orden del Mérito de Duarte Sánchez y Mella, en el grado de Caballero, destacándolo como “el primer dominicano en ser supervisor de la DEA en la República Dominicana” y reconociendo su “compromiso excepcional e inquebrantable en la lucha contra el narcotráfico”.

En los considerandos del decreto, el Poder Ejecutivo resaltaba sus aportes a la cooperación entre agencias dominicanas y estadounidenses, presentándolo como un puente institucional en la estrategia regional contra el crimen organizado. Esa narrativa, construida sobre méritos y confianza, hoy choca con la gravedad de las acusaciones federales.

El caso ha generado atención tanto por la naturaleza de los cargos como por el momento político. Se produce en medio de ajustes y mayor escrutinio dentro de las agencias federales estadounidenses con presencia en el Caribe, lo que podría repercutir en los mecanismos de colaboración bilateral. Para República Dominicana, donde la coordinación con la DEA es pieza clave en la lucha contra el narcotráfico, el episodio supone un golpe simbólico y operativo.

Hasta ahora, las autoridades estadounidenses no han ampliado detalles sobre el alcance total del expediente ni sobre posibles implicados adicionales. Sin embargo, la investigación sigue su curso y se espera que en los próximos días se conozcan más precisiones sobre el proceso judicial.

De héroe institucional a acusado federal, la historia de Cordero se mueve entre dos documentos oficiales: un decreto de condecoración y una acusación penal. Entre ambos papeles, la política y la justicia dibujan una lección incómoda sobre cómo el prestigio público puede derrumbarse en cuestión de horas.

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